Muchas noches no puedo dormir, es imposible, así que
aprovecho para poner la tele y ver que dan, por si me distrae
algo.Últimamente me he axcionado a los programas de
"brujas", en realidad son entretenidos, la gente llama a la deseperad, buscando aunque sóo sea una resplandor de esperanza para sus problemas que son de
todo tipo.Estas mujeres ( hay pocos hombres) se suelen
aprovechar de esto y lo único que hacen es dar respuestas vagas o
que en nada tienen que ver con la pregunta.
Es terrible, perso la gente llama y me pregunto luego que
pasa cuando lo que te dicen no se cumple o sale al revés de lo que te vaticinaron.
Tendrán libros de reclamaciones.
Mejor creer lo que vaticina un desconocido en la barra de oscuro bar que lo que dicen ese tipo de brujas. No son más que mercenarios que se lustran de la desesperación ajena.
ResponderEliminarY haberlas, seguro que hailas.
Pero no cobran.
Un saludo
Opino como mechas, pienso que puede haber algunas personas, digamos que con algún don especial, pero no suelen aparecer en televisión y es muy probable que no cobren por sus consejos.
ResponderEliminarYo lo que me pregunto es qué tipo de personas son capaces de pagar por escuchar estos embustes.
¿De verdad hay quien se crea estas cosas o quizás es solo un montaje para la tele?
Está claro que haberlas, hailas. Personas que creen en estas cosas, digo. Y yo nada puedo ver de malo en ello, salvo que quiera que todos crean lo que yo creo y como yo lo creo.
ResponderEliminarPero otra cosa es que alguien trate de aprovecharse -económicamente en este caso- de la desesperación -o de la simple fe- de algunas personas. A mí eso ya no me deja tan indiferente, aunque legalmente no sea ilícito amasar fortuna con el infortunio ajeno.
Y libro de reclamaciones, Marta, yo casi estoy por creer que si lo tienen, nadie sabe dónde.
Un beso. (Te dejo un poema sobre estas artes de la adivinación)
Claro vidente de negro futuro: desecha tus cartas,
nada nos pueden servir,
puesto que quienes sabiendo el futuro tranquilos lo aceptan,
¿cómo lo habrán de evitar?
Y los que a cada momento alocados lo están evitando,
¿cómo lo habrán de saber?
(Versos de la ciudad extraña,III,2)