A veces creo que vivo esperando que alguién me salve, de mis problemas, de mis allegados, de mi ciudad, de mi vida en general.Hace tiempo me di cuenta que nadie me podía salvar, por más que quisiera, tenía que ser yo misma la que me salvará y si no lo hacía me quedaría siempre en mi misma situación para siempre.
Aunque de vez en cuando aparecen ángeles, que nos ayudan a salir adelante cuando menos lo pensamos.
Creo, Marta, que en tus últimas palabras de este artículo se deja vislumbrar la realidad de la salvación: somos nosotros quienes debemos salvarnos, aunque otros puedan ayudarnos a conseguirlo.
ResponderEliminarUn beso.
Y ya sabes lo que se dice en ¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra: que cuando en algún lugar suena una campalilla, es que un ángel acaba de ganarse las alas.